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El Coraje de Ser: Discurso de Agradecimiento en la Feria Virtual del Libro de México

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Señoras y señores,
queridos colegas,
queridos estudiantes:

Es para mí una profunda honra estar aquí esta noche, en esta Feria Virtual del Libro de México, en un encuentro que celebra la palabra, la sensibilidad y la búsqueda humana por sentido. Recibo este homenaje con gratitud sincera, con humildad y con la conciencia de que nada en nuestra trayectoria se construye en soledad.

En primer lugar, expreso mi reconocimiento al profesor José Aderval Aragão, quien ha encontrado, año tras año, un modo luminoso de unir ciencia, literatura y formación humana. Su iniciativa, esta VII Colectánea Literaria, confirma que la medicina se vuelve incompleta cuando se separa del arte, de la reflexión, de la subjetividad que nos constituye. Gracias, Aderval, por convertir la docencia en un acto de esperanza activa y por hacerme parte de esta historia.

Agradezco también al profesor Roberto César Pereira do Prado, colega de generaciones compartidas, cuya escritura en el prefacio revela no solo conocimiento y trayectoria, sino un afecto que atraviesa décadas. Y a mi querida María do Socorro Diniz, amiga, hermana en el pensamiento, cuya presentación habla menos de mí y más de aquello que nos mueve: el compromiso con la formación humana y la certeza de que “sin emociones no hay conocimiento”, como nos recuerda Byung-Chul Han.

Hoy me dirijo especialmente a ustedes, estudiantes del primer período de mi disciplina de Ética Médica y Habilidades de Comunicación.
Ustedes están al inicio de la travesía.
Y el inicio siempre tiene algo de vértigo y algo de revelación.

Este libro que ustedes construyeron, con sus poemas, narrativas y reflexiones, es mucho más que una colectánea. Es un testimonio: el testimonio de que cada uno ya ha comenzado a comprender que la medicina no se aprende apenas con libros, protocolos o técnicas. La medicina se aprende mirando hacia dentro, tocando las preguntas que incomodan, reconociendo los miedos, los límites, la vulnerabilidad y, sobre todo, el profundo deseo de cuidar.

La “coraje de ser”, tema central de esta edición, no es un concepto abstracto.
Coraje es habitar sus propias preguntas cuando todavía no existen respuestas.
Coraje es permitirse sentir en un mundo que anestesia.
Coraje es escuchar al otro con la misma seriedad con que escuchan su propia conciencia.

El coraje de ser es, en última instancia, el fundamento ético del cuidado.

En mis más de cuatro décadas de profesión, como médica, psicoanalista, profesora, investigadora y escritora, aprendí que a veces el mayor gesto clínico no es intervenir, sino escuchar. No es hablar, sino callar. No es convencer, sino acompañar.
Porque cuidar supone reconocer que cada ser humano trae consigo una historia, una herida, un sueño interrumpido y una fuerza que, a veces, ni él mismo conoce.

Y ustedes, que hoy están comenzando, ya intuyeron todo esto.
Sus textos hablan de fe, de incertidumbre, de misión, de gratitud, de lucha, de identidad y de propósito. Hablan de aquello que la técnica nunca capturará, pero que determina cada encontro médico: la vida interior.

Por eso esta obra tiene un valor enorme.
Ella revela que ustedes no desean ser apenas buenos técnicos, sino buenos seres humanos.
Y eso, lo digo con absoluta convicción, é la verdadera excelencia en medicina.

Queridos estudiantes,
ustedes están entrando en un oficio donde el conocimiento salva cuerpos,
pero la sensibilidad salva existencias.

Habrá días luminosos y días de sombra.
Habrá certezas y habrá pérdidas.
Habrá conquistas y habrá silencios que pesam.

Pero si ustedes conservan lo que ya mostraron aquí, la habilidad de sentir, pensar y transformar la experiencia en palabra, entonces estarán más preparados que muchos para enfrentar las complejidades que la medicina exige.

Sigamos, juntos, alimentando ese puente entre ciencia y humanidad.
Entre lo que sabemos y lo que intuimos.
Entre lo que enseñamos y lo que aprendemos cada vez que un paciente nos mira a los ojos.

Aderval, gracias por esta honra.
Estudiantes: gracias por recordarme, una vez más, por qué sigo aquí.
Y a México, gracias por abrir este espacio donde la palabra se convierte en abrazo.

Que la esperanza siga siendo nuestro horizonte.
Y que la “coraje de ser” nos acompañe —en la medicina, en la vida y en todo aquello que todavía estamos llamados a construir.

Muchas gracias.

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